Cervantes presta su gigantesco escenario para la Semana Santa de Alcalá de Henares

La celebración quiere conseguir el título de Fiesta de Interés Turística Nacional.
El Santo Entierro.
El Santo Entierro.

El niño logró situarse en primera fila colándose entre las piernas de los mayores. No sabía muy bien qué iba a ver, pero todos los niños habían hecho lo mismo y él no iba a ser menos. Parecían expectantes, como si algo grande fuera a ocurrir. A lo lejos se oían ruidos, ¿o era música?, no estaba muy seguro, parecían tambores. Miró las caras de los mayores que estaban sobre él. ¿Por qué estaban tan serios, parecían tristes? ¿No habían dicho que esto era una fiesta? Cosas de los adultos… menos mal que él apenas tenía cuatro años y cualquier cosa que alterase la rutina del pueblo era una fiesta. Él no pensaba ponerse serio.

Paso de la Virgen.
Paso de la Virgen.

Poco a poco, el ruido o la música se fue acercando. Ahora estaba seguro, eran tambores, como el que él tenía en casa, pero un poco más grandes. Y los llevaban hombres vestidos de negro, también con el rostro serio, como todos los mayores. Y detrás iban otros hombres también negros y con la cabeza cubierta con un raro cucurucho y con unos hachones con fuego en las manos. Y aún más detrás venía una estatua, no, dos, que otros hombres llevaban a hombros.

Semana Santa en Alcalá.
Semana Santa en Alcalá.

El niño miró las figuras de barro o madera de potentes colores y se estremeció. Una mujer lloraba, las lágrimas parecían auténticas, aunque la figura no lo era. Pero peor era lo que iba detrás, una figura casi desnuda y cubierta de sangre. En las manos tenía clavados unos clavos enormes como los que a veces había visto en el taller del herrero, y también en los pies. Y había sangre o pintura roja, no estaba seguro, en la cabeza, en el costado… por todas partes. Ahora comprendía los rostros serios de los que estaban a su lado. Serios era poco, a él le daban ganas de llorar y, lentamente, se fue escabullendo de la primera fila y se puso detrás de todos, allí no veía casi nada. No entendía que los mayores dijeran que eso era una fiesta, él prefería simplemente jugar con sus amigos y correr por el campo…

Alcalá, ciudad monumental.
Alcalá, ciudad monumental.

Aquel niño se llamaba Miguel, como el santo del día que nació, el 29 de septiembre, y sus padres eran Rodrigo y Leonor. En esos días estaban preparando el traslado a Valladolid, algo que al niño no le apetecía nada…

Miguel de Cervantes.
Miguel de Cervantes.

Estamos, claro, en Alcalá de Henares, es la Semana Santa de 1.551 y el nombre completo del chaval es Miguel de Cervantes Saavedra. Y todo lo contado es inventado, algo que seguramente no molestará nada al autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Pero aunque el argumento sea fabulado, como uno más de los que el propio Miguel haría unos años más tarde, el escenario es real, estamos a mediados del siglo XVI y por entonces se celebraban las primeras procesiones de Semana Santa en Alcalá de Henares. Aún no tiene el título de ciudad pero su carácter noble no hay quien se lo quite. Algunos aún la llaman Complutum, el nombre que le pusieron los romanos siglos atrás y en esos días se está rematando la fachada de su imponente Universidad, fundada por el cardenal Cisneros. En alguna de sus casas y palacios había nacido la reina de Inglaterra, Catalina de Aragón y el emperador de Alemania, Fernando I de Habsburgo, hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso. Su abuela, la reina Isabel la Católica también había habitado uno de los palacios, donde recibió tiempo atrás a Cristóbal Colón que andaba convenciéndola de llegar a las Indias a través del Atlántico. Una locura…

Procesión.
Procesión.

Quinientos años después
Han pasado casi quinientos años desde entonces y la Semana Santa sigue puntual a su cita en Alcalá de Henares. Ha cambiado mucho, naturalmente, ahora exhiben sus atributos y sus imágenes once cofradías con veinte pasos y más de 5.000 cofrades, pero el escenario sigue siendo casi el mismo. Ahí están esas casas centenarias de recias paredes y techos de teja, ahí esas decenas de iglesias, cada una con sus torres y campanarios y con sus decenas de nidos habitados por cigüeñas durante todo el año, ahí palacetes, plazas y rincones que guardan historias y leyendas. Y entre medias de todas ellas circulan las procesiones como pueden, porque más de 100.000 personas se agolpan en las calles y marcan su camino.

Procesión con el paso de la Virgen.
Procesión con el paso de la Virgen.

Como en todas las Semanas Santas de España, las protagonistas son las cofradías que se encargan cada una de organizar su propia procesión. Sin embargo, la del Domingo de Ramos, una de las más populares y festivas, con la célebre “Borriquita” sobre la que Jesús entra en Jerusalén rodeado de palmas y de ramas de olivo, está organizada por la Junta que reúne a todas las cofradías.

Penitentes.
Penitentes.

Cada cofradía y cada paso tiene su peculiaridad. La del Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de los Dolores, con sus tres pasos, transcurre casi a oscuras, ya que a su paso se apagan las farolas y solo se ilumina con los cirios de los nazarenos y los candelabros de los pasos. Varias de ellas son muy antiguas, como la del Cristo de los Doctrinos, fundada en 1660, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía, de mediados del siglo XVII, la Hermandad de María Santísima de la Soledad Coronada –creada en 1508– o la cofradía del Santo Entierro, también en el siglo XVI, que cuentan con imágenes de gran valor histórico, como la del Cristo Universitario de los Doctrinos –talla muy sobria del siglo XVI–, o artístico, como la de la Soledad Coronada, obra del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci.

Vista de Alcalá.
Vista de Alcalá.

La pasión por la Semana Santa, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde 2004, las cofradías y sus correspondientes pasos no decae, de hecho se espera para el próximo año una nueva que, a diferencia de la mayoría que procede del casco histórico y sus muchas iglesias, ha nacido en uno de los nuevos barrios de Alcalá. Una curiosidad de la Semana Santa en Alcalá es que una de las hermandades alcalaínas se formó por los animados miembros de las peñas de amigos que siguen las fiestas grandes de Alcalá, a finales de agosto. En el recorrido de esta peña, con un Cristo atado a una columna, que este año ha cambiado el color de los ojos y la dirección de la mirada, se entra en el colegio mayor de San Ildefonso, sede de la universidad fundada por el cardenal Cisneros, se recorre en parte su interior, llega al Patio de Villanueva y sale por la puerta principal de su monumental fachada plateresca.

Portando un paso. Foto: Daniel Rocal.
Portando un paso. Foto: Daniel Rocal.

Una característica de toda Semana Santa es la música… o la ausencia de ella. En efecto, hay procesiones que transcurren en completo silencio, un silencio respetuoso que crea un ambiente de recogimiento y de respeto, de tristeza y luto, solo ligeramente roto por el sonido de las cadenas arrastradas por penitentes, los golpes secos y metálicos de los llamadores o los rezos de los fieles. Y otras donde la escenificación de la pasión, muerte y resurrección se manifiesta mediante la música, bajo los sones de imponentes marchas de palio, música fúnebre y cantos saeteros encarnados en lo más profundo del sentimiento cofrade. Alcalá ofrece estos dos tipos de vivir el paso de los pasos.

La Virgen. Foto: Daniel Rocal.
La Virgen. Foto: Daniel Rocal.

Patrimonio de la Humanidad
Cada Semana Santa es diferente, no solo por el estilo de cada cofradía, por el valor de las imágenes, por la música… sobre todo por el escenario en que trascurre. Y pocos escenarios son tan ricos y armónicos como las calles y plazas de Alcalá de Henares. Fundada por el cardenal Cisneros a principios del siglo XVI, Alcalá de Henares fue la primera ciudad universitaria planificada del mundo. Fue el ejemplo de la Civitas Dei (Ciudad de Dios), comunidad urbana ideal que los misioneros españoles trasplantaron a América, y sirvió de modelo a toda una serie de universidades en Europa y otras partes del mundo. Este fue el principal mérito, aunque no el único, para que el 2 de diciembre de 1998 la UNESCO declarara a la Universidad y recinto histórico de la ciudad de Alcalá de Henares Patrimonio de la Humanidad. Alcalá tuvo que competir con más de cuarenta candidatas, entre las cuales se encontraban algunas ciudades españolas.

La música acompaña las procesiones. Foto: Daniel Rocal.
La música acompaña las procesiones. Foto: Daniel Rocal.

Junto a ese fundamental valor como primera ciudad universitaria planificada en la Edad Moderna, se realza el concepto de Ciudad del Saber y su repercusión cultural con la Biblia Políglota o las obras de Nebrija, entre otros méritos, además de haber sido gran ciudad en el Siglo de Oro y cuna de Cervantes. Alcalá de Henares simboliza como ninguna otra la ciudad que emerge entre la lengua, la literatura y el patrimonio. Una lengua que, además, se convierte cada día en muchas lenguas. El idioma de la ciudad es plural, exótico, tolerante, enriquecido por todas y cada una de las identidades que definen el mestizaje de nuestras urbes.

Paso de la borriquita. Foto: Daniel Rocal.
Paso de la borriquita. Foto: Daniel Rocal.

Ciudad sabia y abierta, urbe intelectual que posibilitó la convivencia de tres culturas y tres religiones y, sobre todo, la perfecta Ciudad del Saber y Ciudad de Dios que, diseñada por la sabia mano del Cardenal Cisneros, permite disfrutar hoy de un conjunto único de soberbias construcciones del Renacimiento y el Barroco, entre las que destaca la gran obra de su Universidad. Esta excepcional riqueza proyecta a Alcalá de Henares en el siglo XXI, convertida en un referente turístico y cultural.

Procesión del Cristo de la Agonía.
Procesión del Cristo de la Agonía.

La ciudad natal de Cervantes, que hace honor a su actual eslogan “Alcalá, una expereincia única”, es un lugar ideal para pasear, para recorrer sus calles y plazas, visitar sus museos y monumentos, comer en alguno de sus buenos restaurantes, ir de compras, descansar en alguno de sus jardines, tomar un café o una copa al atardecer en alguna de sus terrazas y llevarse de recuerdo uno de sus dulces típicos, como las almendras garrapiñadas o la costrada.

Tarta costrada.
Tarta costrada.

Se puede comenzar el recorrido por el Museo Arqueológico Regional que ofrece visitas guiadas o, trasladarnos a la época romana, en la Casa Hippolytus o las ruinas de Complutum, que forman parte del Plan de Yacimientos Arqueológicos Visitables de la Comunidad de Madrid. Imprescindibles son el Museo Casa Natal de Cervantes, donde se recrea la dimensión más humana de este genio de las letras, la Universidad de Alcalá con su patio trilingüe y el Corral de Comedias que ofrece visitas guiadas además de una cuidada oferta teatral, sin olvidar el Centro de Interpretación Los Universos de Cervantes y el Palacio Laredo. En el ámbito religioso, destacan impresionantes edificios como la Catedral Magistral y el Monasterio de San Bernardo. Por último, para los amantes de la naturaleza, “Los Cerros de Alcalá” conforman un espacio protegido, situado en la margen izquierda del río Henares.

Cartel de la Semana Santa 2014.
Cartel de la Semana Santa 2014.

Reponer fuerzas
Horas de contemplar procesiones o recorrer la ciudad requieren reponer fuerzas. No hay que preocuparse, estamos en el lugar ideal. En Alcalá hay decenas de pequeños restaurantes y bares que se afanan en agradar a sus visitantes. Precisamente en estos días se ha puesto en marcha una nueva iniciativa –Alcalá Gastronómica–, que se une a las ya tradicionales Semana Gastronómica y las Jornadas Gastronómicas Cervantinas de octubre, que anima a todos los establecimientos a ofrecer a sus clientes platos de degustación originales y, sobre todo, baratos, entre 2 y 5 euros, compitiendo entre ellos por el favor del público.

Portando un paso de la crucifixión.
Portando un paso de la crucifixión.

Como no podía ser de otra manera, en la gastronomía de Alcalá de Henares, se encuentran platos típicos de la cocina castellano manchega que traen al recuerdo las alusiones culinarias del Quijote. Platos como las sopas de ajo, migas manchegas con chorizo o huevos fritos, y una variedad de platos preparados con verduras frescas de la vega del Henares, además de los más sabrosos asados de cordero y cabritillo, o pescados al horno como el besugo o la lubina. Algunas de sus especialidades más elaboradas y con aire cervantino son ‘el cabrito de la ínsula’, ‘la carne estofada a la Dorotea’, ‘las codornices al vino viejo’ o ‘el conejo pastoril’.

Almendras garrapiñadas.
Almendras garrapiñadas.

Pero sin duda una de las peculiaridades gastronómicas de Alcalá son sus dulces, entre los que destacan sus famosas almendras garrapiñadas, documentadas desde al menos el siglo XVIII y auténticas embajadoras gastronómicas de Alcalá, que se pueden conseguir en muchas pastelerías de la cuidad, pero lo más tradicional es acudir al Convento de las Clarisas de San Diego, en pie desde 1670. La tradición y el respeto a las monjas de clausura dicta que para comprarlas ni siquiera se vea a la hermana que las vende, puesto que la transacción se realiza a través de torno de madera giratorio. Primero se deposita el dinero y ella te devolverá la cajita correspondiente con las preciadas almendras.

Torrijas.
Torrijas.

Los golosos no se conformarán con ellas y podrán disfrutar de otras “tentaciones”, como la costrada, un delicioso milhojas de hojaldre, crema y merengue cubierto de almendra picada y gratinada, las tejas y las rosquillas de Alcalá, y en esta época, claro, las torrijas, uno de los grandes –y baratos– manjares de la gastronomía española.
Más información: www.ayto-alcaladehenares.es

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