Palacio de Samaniego, confort y gastronomía en un entorno medieval

Un edificio del siglo XVII, reconvertido en hotel y restaurante.
El Palacio reconvertido en hotel y restaurante.
El Palacio reconvertido en hotel y restaurante.

Situado en la medieval villa de Samaniego (Rioja Alavesa), Palacio de Samaniego Hotel & Restaurante sorprende por su sobriedad externa y su esmerada decoración interior. Colores cálidos y mobiliario tradicional, materiales como madera y enea, y un cuidado gusto por el detalle que se combina con cientos de símbolos que recuerdan la ubicación y función como casa de reposo para los peregrinos del Camino de Santiago de este palacio de tan solo doce habitaciones. De ambiente agradable, invita a conocer el corazón de Rioja Alavesa, recorrer sus paisajes llenos de viñas y degustar su selecta gastronomía, tomando como punto de partida la medieval villa de Samaniego.

Palacio de Samaniego es un pequeño hotel de tan sólo doce habitaciones ubicado en la medieval villa de Samaniego, en el corazón de Rioja Alavesa. Al llegar a Samaniego, el visitante se encuentra con un edificio de piedra de sillería que data de finales del siglo XVII, reconvertido desde finales del XX en algo más que un pequeño hotel con encanto. Ya rehabilitado, Palacio de Samaniego es hoy un ejemplo vivo de la hospitalidad hecha confort, de la tradición gastronómica más vanguardista y el trato personalizado de sus gerentes. Cada rincón y cada habitación de este señorial edificio, cada plato y cada vino que se sirve en su restaurante, recupera el esplendor de otras épocas, ofrecidas al visitante como suculentos bocados de historia.

Una portada de piedra, flanqueada por el escudo familiar de los Samaniego, da la bienvenida a los huéspedes a este palacio del siglo XVII reconvertido en hotel a finales del XX. Junto al escudo de la familia, la portada esconde otros secretos, como algunos símbolos xacobeos. Tan sólo hay que alzar la vista antes de acceder al interior del palacio para ver la concha del peregrino o vieira xacobeo, guardián protector del peregrino durante todo el Camino y señal inequívoca de que se encontraba ante una morada santa.

Una de las doce habitaciones.
Una de las doce habitaciones.

Confort y privacidad son las características que definen el ambiente en el interior, decorado con tonos cálidos y mobiliario tradicional realizado en maderas nobles y enea. Unos toneles de antaño acompañan a las mesas en la zona de café, un rincón acogedor situado en la planta baja del edificio, en el lado opuesto a la sala de estar.

Cada detalle del establecimiento recuerda el lugar en el que se encuentra: botelleros de vino, barricas, cepas y racimos de uvas, presentes incluso en la llave de cada habitación. Una escalinata de piedra invita a subir a la primera planta del palacio, lugar elegido para las habitaciones, doce estancias que recrean con esmero una atmósfera de sencillez en la que no se descuida ni un solo detalle.

En la actualidad, cuenta con tres salones para reuniones, todos situados en la planta baja del hotel: el primero, con capacidad para 32 comensales y de ambiente distendido. En los dos restantes, en los que se pueden celebrar encuentros de carácter más íntimo y privado, se pueden concentrar entre diez y quince personas. En todos ellos, la sobriedad, la elegancia y la comodidad son las principales características que los definen, acompañadas de la última tecnología, como conexión wifi a Internet, y la profesionalidad de su gerente, que cuida todos los detalles necesarios para la organización del encuentro.

Vistas de la Sierra de Cantabria.
Vistas de la Sierra de Cantabria.

Palacio de Samaniego es, además de alojamiento, buena gastronomía. La gerencia de ambas áreas está dirigida por Jon Ugalde, prestigioso cocinero donostiarra que ha trabajo a las órdenes de cocineros de renombre, como Martín Berasategui. Es precisamente Jon Ugalde el responsable del diseño y la supervisión de cada uno de los exquisitos platos que se elaboran diariamente en sus fogones y el chef que atiende personalmente las peticiones de cada uno de sus huéspedes.

Con su carta, consigue que cada comensal se sienta un auténtico privilegiado. Los fogones de Jon Ugalde ofrecen a sus comensales, bajo previa reserva, platos de temporada como solomillos de pato relleno con foie y uva sobre puré de patata con salsa de oporto y naranja, borraja con mucha mar (almejas, percebes y algas), salteado de habas con hierbabuena y falda de gorrín crujiente, risotto de perrechicos y trufa de verano sobre veluté de hongos o sorbete de arrope sobre frutos rojos con su sopa, y teja de menta.

Promoción turística desde el Palacio
Sin perder de vista el buen gusto y la calidad en cada una de las acciones que realiza, siempre fiel a una filosofía basada en un trato agradable y exquisito, y en hacer de cada estancia una experiencia inolvidable, Palacio de Samaniego ha diseñado para esta nueva andadura unos productos turísticos basados en la promoción vinícola y gastronómica de Samaniego, como el Curso de cata y Paquete enológico, Escapada a Rioja Alavesa y Enoexperiencia en Rioja Alavesa, así como participación en premiers y vendimias de bodegas de Rioja Alavesa, catas verticales y presentaciones de vinos de la comarca.

Uno de los comedores.
Uno de los comedores.

Para los visitantes más deportistas, el establecimiento pone a su disposición el servicio de alquiler de bicicletas para recorrer una de las regiones vitivinívolas con mayor encanto en el panorama nacional. Rioja Alavesa cuenta con espectaculares paisajes –como las extensiones de viñedos bajo las faldas de la Sierra de Cantabria- y coquetos pueblos, recursos repletos de contrastes entre la estética medieval de las villas y la arquitectura de vanguardia de bodegas y hoteles. Son atractivos turísticos que se pueden conocer en bicicleta, a través de las sencillas rutas cicloturistas que la propiedad del hotel ha diseñado para los amantes del pedal.

Palacio de Samaniego es, en sí mismo, un placer para los sentidos. Por su decoración, por su selecta gastronomía y por su paisaje, enmarcado en el corazón de Rioja Alavesa y a los pies de la Sierra de Cantabria, un espectáculo para la vista salpicado de viñedos e infinidad de tonalidades verdes y ocres.

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