Naturaleza y patrimonio en la montaña central leonesa

Cuenta con espacios de alto valor ecológico en los que se pueden encontrar especies emblemáticas de fauna y flora y amplios bosques autóctonos de gran interés natural, turístico y recreativo.
Zona de transición entre la España seca y la España húmeda.
Zona de transición entre la España seca y la España húmeda.

Declarada en el año 2005, la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga comprende los términos municipales de La Pola de Gordón y Villamanín. Situada en la Montaña Central Leonesa dentro de la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, está dividida en cinco grandes áreas: Casomera, Chagos, Aralla-Cabornera, Valle del río Casares y Valle del río Bernesga.

Toma su nombre del río que surca su territorio, el Bernesga, que nace en la Sierra de Casomera a unos 2.000 metros de altitud y recibe las aguas de numerosos afluentes, siendo los más importantes los ríos Rodiezmo y Casares. Estos afluentes dan lugar a grandes valles que oscilan entre los 1.000 y los 1.500 metros, algunos encajados en hoces calizas y delimitadas por picos de considerable altitud.

Zona de transición entre la España seca y la España húmeda, su riqueza y biodiversidad es excepcional, caracterizada por la existencia de espacios de alto valor ecológico en los que se pueden encontrar especies emblemáticas de fauna y flora y amplios bosques autóctonos de gran interés natural, turístico y recreativo. Cuenta con más de 650 especies, entre las que podemos destacar las hayas, abedules, sabinas, encinas, pinos, algún ejemplar de tejos y, por supuesto, olmos, sauces, alisos, fresnos y chopos en los bosques de ribera. También son destacables los arbustos como el piorno, la escoba o el brezo, sin olvidarnos de los extensos y verdes prados.

El bosque mejor cuidado

Mención especial merecen los hayedos de Ciñera y el de La Boyariza. El primero, también conocido como “Faedo” de Ciñera, guarda un impresionante ejemplar de aproximadamente 500 años de vida y más de 6 metros de perímetro en la base, conocido como “Fagus” y que está considerado como uno de los cien árboles más singulares y destacados de España. Reconocido en el año 2007 como el bosque mejor cuidado, se encuentra en excelente estado de conservación y es en primavera y otoño cuando adquiere su mayor belleza y colorido.

De mayores dimensiones que el de Ciñera, el hayedo de La Boyariza está declarado Punto de Interés Biológico. Lugar mágico, cubierto habitualmente de brumas y nieblas, pasear por él nos permitirá descubrir detalles que pasaron desapercibidos en nuestra anterior visita, zonas de musgo permanente que no reciben los rayos del sol, hayas imposible de abarcar por más de tres personas, acebos, tejos… Merece la pena visitarlo en cualquier época del año, pero es el otoño el mejor momento, pues la variedad cromática está en su pleno apogeo.

Como no podía ser de otro modo, este paraíso natural es el hábitat de numerosas aves como el milano, el alimoche, el halcón peregrino y el águila real, todas ellas en peligro de extinción, así como la garza real, el águila culebrera, la cigüeña común o la perdiz pardilla, por citar solo algunos ejemplares. Y, dentro de los mamíferos, el lobo, el rebeco, el corzo, el jabalí y el oso pardo dominan los mil rincones de extrema belleza que salpican este territorio natural.

Camino de San Salvador, variante norte del Camino de Santiago

Por su situación estratégica, la Montaña Central Leonesa ha sido durante siglos zona de paso hacia el norte peninsular por infinidad de caminos que han sido utilizados por peregrinos, pastores, arrieros y nobles como el Camino de San Salvador, variante norte del Camino de Santiago, que partiendo de la Basílica de San Isidoro en la ciudad de León y pasando por una de los lugares más emblemáticos de esta ruta, la Colegiata de Santa María de Arbás, tiene su meta en la Catedral de Oviedo.

La Colegiata de Santa María de Arbás tiene sus orígenes en torno al año 1092, con el asentamiento de una comunidad de canónigos regulares de San Agustín, teniendo como misión dar cobijo y alimento a pobres y peregrinos que se dirigían por los Montes Ervaseos a venerar las reliquias de la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador de Oviedo. Fue en el siglo XII cuando el conde leonés Fruela Díaz donó unas tierras para que esta comunidad levantase un hospital de peregrinos y atenderlos debidamente. Posteriormente, en el siglo XIII, el rey Alfonso XI manda construir junto al albergue el templo que podemos admirar en la actualidad.

En un caserío perteneciente al municipio de Villamanín y a las puertas del Puerto de Pajares se encuentra este edificio único en su género en toda la provincia, pues es fruto de la unión del románico asturiano con el zamorano y el salmantino. Declarado Bien de Interés Cultural en el año 1931, se trata de una construcción que en el exterior denota sencillez y un estilo románico tardío, pero que se acerca a la estética cisterciense o, incluso, gótica, como demuestra la decoración vegetal de muchos de sus capiteles. Pero donde se transforma es en el interior, convirtiéndose en una delicia para la vista, en la que toda ella es armonía, perfección y virtuosismo estético.

Saqueada la iglesia durante la guerra civil, la imagen original de la Virgen fue pasto de las llamas. A lo largo de la historia ha sufrido numerosas intervenciones y restauraciones, siendo la última la realizada en el año 1963 por el arquitecto Luís Menéndez-Pidal, cuyos restos mortales descansan en el muro septentrional de la colegiata.

La minería

Un recurso económico de vital importancia desde muy antiguo para estos territorios ha sido la minería, que ha dejado restos de, al menos, dos explotaciones prerromanas y varias minas de cobre, níquel, cobalto y villamaninita, mineral descubierto en el municipio de Villamanín. Pero es el carbón el que a día de hoy sigue siendo el sustento de muchas familias, de cuya actividad quedan bellos testimonios, destacando el Pozo Ibarra, construido en el año 1930 y que ha sido declarado Bien de Interés Cultural.

La Guerra Civil Española también dejó su huella por las montañas del Alto Bernesga en forma de búnkeres, trincheras, parapetos y refugios hechos de piedra y casamatas blindadas a base de hormigón armado y que formaban la conocida como “La Maginot Cantábrica”, que acompañan al impresionante paisaje de Fontañán, La Muezca o el Altico.

Lugar ideal para la práctica de todo tipo de actividades al aire libre, como escalada, deportes de invierno, actividades náuticas en el Embalse de Casares, trekking, pesca… que nos ofrecen las empresas de turismo activo allí instaladas. Interesante también es acercarse al Centro de Visitantes de la reserva de la biosfera, que nos permitirá obtener un adelanto de los lugares que podremos visitar, así como el Centro de Interpretación del Clima de La Vid, único en Castilla y León, y actividades culturales visitando los museos etnográficos o el Museo de las Acuarelas César Barroso.

La oferta turística se complementa con un número importante de restaurantes, alojamientos rurales, hostales, camping, campamentos y dos albergues gratuitos para peregrinos, sin olvidarnos de su sabrosa gastronomía. Todas ellas son razones más que suficientes para visitar una de las zonas más espectaculares de la Cordillera Cantábrica.

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