Nunca el agua, la electricidad o el gas sobraron tanto como en Cabo Polonio

Un pintoresco pueblo uruguayo de pescadores y artesanos, con muchas casas a las que no ha llegado la luz eléctrica.
Una zona de dunas a la que sólo se puede acceder a pie o en todoterrenos especiales.
Una zona de dunas a la que sólo se puede acceder a pie o en todoterrenos especiales.

Completamente natural y apartado de todos los agobios de la rutina de la ciudad, el Parque Nacional de Cabo Polonio se perfila como el destino perfecto para perderse y desconectar del día a día. Un rincón bohemio, un auténtico paraíso, en el departamento de Rocha, al que sólo se puede

acceder a pie o en todoterrenos especiales, y donde muchas de las casas no cuentan con electricidad, gas o agua. Un remanso de paz en la costa uruguaya lejos de la civilización.

Son muchos los viajeros que buscan desconectar y muy pocos los que de verdad lo hacen. El Parque Nacional de Cabo Polonio, en Uruguay, precisamente, es el destino perfecto para apartarse de las complicaciones del día a día. Una zona de dunas, al noroeste del país, concretamente en el departamento de Rocha, al que sólo se puede acceder a pie o en unos todoterrenos especiales, lo que demuestra lo natural de su entorno, que se caracteriza por la tranquilidad de sus playas y la sutileza de sus construcciones.

El pueblo tiene sólo setenta habitantes.
El pueblo tiene sólo setenta habitantes.

El pintoresco poblado está conformado casi en su totalidad por pescadores y artesanos, y las viviendas no disponen de energía eléctrica, por lo que el ritmo diario de sus habitantes está marcado por la luz solar. Además, este paradisíaco rincón, en el departamento de Rocha, tampoco cuenta con alumbrado público, una característica propia del lugar, que permite, en las noches despejadas, apreciar las estrellas como en pocos lugares del mundo.

Actualmente, las medidas de preservación del ecosistema son tan exigentes que, si se intenta acceder en coche, habrá que dejar el mismo en una estación a siete kilómetros antes de llegar para embarcarse en unos camiones todoterreno que llevan a los visitantes hasta el cabo cruzando un auténtico mar de dunas salvaje. Tal es la calma, la pureza y la salubridad de sus aguas que en diversas épocas del año se pueden ver en sus costas grupos de lobos y leones marinos así como otras especies oceánicas en su camino hacia el Polo Sur. En total, unas 550 especies se han identificado en el sistema costero de Cabo Polonio, doscientas de plantas y 350 de animales.

Los automóviles deben dejarse a siete kilómetros de distancia.
Los automóviles deben dejarse a siete kilómetros de distancia.

El lugar, donde hoy viven unas setenta personas aproximadamente, se originó en el siglo XIX, en torno a la explotación de los lobos marinos, que fue prohibida en 1991. Durante la primavera y el verano se suma un importante número de residentes temporales y visitantes que respetan el entorno de un Parque Nacional que integra el Sistema Nacional de Áreas Protegidas desde 2009, involucrando un territorio costero-marino de 25.820 hectareas.

Curioso también es el origen del nombre de este pequeño pueblo. Algunos apuntan al naufragio de un galeón español en 1735, llamado Polonio. Sin embargo, otros atribuyen el nombre a Joseph Polloni, capitán de un barco que se hundió en la zona en 1753.

Sus hermosas playas durante el día, con la presencia de un antiguo y melancólico faro, junto a los puestos de artesanía local, hacen de Cabo Polonio un lugar perfecto para pasar la jornada en familia y, al caer la noche, el pequeño pueblo se viste de velas, faroles y hogueras, que muestran su luz hasta la madrugada. Un escenario romántico y bohemio que convierte la visita en inolvidable.

Precisamente es el faro, monumento histórico de la localidad, uno de los lugares más famosos. Desde lo más alto de este monumento se puede observar un paisaje único con el Océano Atlántico como protagonista. Además, la cercanía de Cabo Polonio con las ciudades costeras de Valizas y Aguas Dulces -de mucho más fácil acceso- y con la frontera brasileña -a tan sólo 90 kilómetros- aumenta aún más si cabe su atractivo turístico.

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